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Arcadio Domínguez

  • Foto del escritor: Ar Domínguez
    Ar Domínguez
  • 1 jun
  • 1 Min. de lectura

Actualizado: 11 ago

Hace algún tiempo me dividí.

Como si para sanarme pudiera separar el artista de la persona.

Como si el diseño, los cuadros, las palabras…

no salieran del mismo sitio que los miedos, las dudas o el cuerpo que habito.


Creé dos cuentas.

Una para mostrar mi trabajo “profesional”,

otra para esconderme un poco mientras decidía quién demonios era.


Pero es que siempre fui uno.

Aunque durante un tiempo dejé de poder serlo.


Hoy, vuelvo.

A la raíz.

A mí.


He entendido que mi historia no me resta fuerza:

me la da.

Que mis cicatrices no son una mancha,

sino el trazo más verdadero de lo que soy.


Mi marca no me representa.

Soy yo quien la representa.

Con mis “buenas ideas” y mis días de silencio, de perfil.

Con mi cuerpo, que aprende a no ser mi enemigo.

Con mi arte, que ya no necesita esconderse detrás de un personaje.


A partir de ahora, todo estará en un solo lugar.

Esta casa.

Aquí vive todo: la moda, la pintura, la escritura, mis procesos, mis pasos, incluso mis meteduras de pata.


Ya no tengo que dividirme para encajar.

Hoy elijo ser uno.

El que siempre fui: Arcadio Domínguez.



 
 
 

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